- 2019-02-11
¿TRIGLICÉRIDOS ALTOS? EMPIEZA A COMER MÃÂS DESPACIO
El ritmo de vida actual lleva a dedicar menos de 20 minutos a las comidas principales del día. ¿Sabías que esa costumbre puede elevar tus niveles de triglicéridos en sangre? Un trabajo, desarrollado en el marco del estudio Predimed (Prevención con Dieta Mediterránea) y publicado en enero en la revista científica Nutrients, saca esta conclusión.
“Basándonos en los resultados observados, concluimos que comer de forma rápida podría incrementar el riesgo de hipertrigliceridemia, el cual es reconocido como un factor de riesgo cardiovascular. Sin embargo, son necesarios más estudios para entender la relación causa-efecto entre la velocidad de ingesta, el peso corporal y otros factores de riesgo”, explica Nancy Babio, profesora de la Unidad de Nutrición Humana del Departamento de Bioquímica y Biotecnología de la Universidad Rovira i Virgili.
Así, la experta, que es además investigadora adscrita al Centro de Investigación Biomédica en Red Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (Ciberobn), subraya que “intervenciones y recomendaciones nutricionales con el objetivo de disminuir la velocidad al comer podrían ser útiles para combatir las enfermedades cardiometabólicas”.
Además de comer rápido, hay diferentes factores que pueden favorecer el incremento de los niveles de triglicéridos. Estamos hablando del “sobrepeso u obesidad, diabetes, enfermedades hepáticas, predisposición genética, edad, síndrome metabólico, una dieta alta en grasas saturadas y azúcares simples, ingesta elevada de alcohol, un estilo de vida sedentario y consumo de algunos medicamentos”, enumera la profesora de Nutrición.
Tener triglicéridos elevados puede incrementar el riesgo de padecer algún evento cardiovascular como infarto de miocardio, isquemia o ictus, entre otros, e incrementar el riesgo de desarrollar alguna enfermedad crónica como la diabetes.
Comer rápido puede contribuir a que las sensaciones de saciedad lleguen de forma tardía a nuestro cerebro, haciendo que la persona continúe comiendo a pesar de haber cubierto sus requerimientos nutricionales y energéticos. Además, comer deprisa favorecería que la glucosa y la insulina en nuestra sangre suban rápida y pronunciadamente, lo cual podría llevarnos a un estado que favorezca la producción de grasas a nivel hepático.
A su vez, una rápida caída de la glucosa podría provocarnos una sensación de hambre más pronto. Asimismo, comer de forma automática y rápida no nos permite disfrutar de la comida (sus sabores, texturas y olores), por lo que comer despacio y atentos puede traernos un momento agradable en nuestro día a día.
